Nathalie Freige

 

A punto de cumplir los 50,  Nathalie Freige llevaba 35 años haciendo lo mismo y estaba un poco harta. Conocía todos los entresijos de su profesión y tenía ganas de abrir nuevos horizontes cuando, como a miles de españoles, le afectó la crisis económica: “Todo llegó a la vez y me vi obligada a hacer otras cosas. No me quedó más remedio”.Nathalie Freige

Mi interés por Nathalie se produce cuando conozco su último trabajo, cuando escucho su voz, llena de energía, y cuando me confiesa que a los 57 años se está planteando “escribir un nuevo libro” en su vida, es decir, empezar una nueva etapa.

Nathalie es multicultural. “Creo que esto es de una gran riqueza y que te abre mucho la mente. Soy de madre francesa que ha vivido mucho en Marruecos y de padre libanés. Mi padre viajó mucho y vivió en Francia, Turquía,  Grecia… Todo lo que es el Levante y las familias levantinas a mí me fascinaba”

Ella nació en Tánger, en la época que era internacional, y cuando llegó la independencia de Marruecos sus padres se vinieron a España “Pensaban quedarse por un tiempo y al final nos quedamos hasta la muerte de mi padre. Así pues, yo me considero madrileña, aunque no tengo sangre española, y me siento española porque desde los dos o tres años he vivido en Madrid”.

A los treinta años sintió cierto cosquilleo y empezó a preguntarse cosas: “Me dije que había vivido mucho en España. Tenía una hija con un español. Me separé y me fui a Francia, ya que tenía sangre francesa, a ver cómo eran los franceses. Me quedé seis años.”

Hasta entonces, en España, había trabajado en publicidad con gente que venía de Inglaterra y Francia, pero al llegar a París como tenía familia vinculada con el cine, trabajó bastante en este sector, sobre todo en producción. “Después de seis años decidí que ya había visto todo lo que quería ver y me volví a España. Comprendí que el país en el que te has criado es tú país, que no es cuestión de tener o no sangre”.

Cuando le digo que a muchas mujeres de nuestra edad les habría gustado tener la determinación que hasta ahora me ha confesado tener para ir de aquí para allá y tomar sus propias decisiones me cuenta que “Me educaron como persona, no como una mujer que se tenga que casar y trabajar en casa… A mí, a lo que me empujaron desde pequeña fue a que fuera independiente, a que me ganara la vida y que si quería tener hijos  y marido no había ningún problema, pero sobre todo que fuera independiente. Se me grabó en la mente y sigue siendo muy importante. Esta condición ha hecho que sea extremadamente independiente”.

En lugar de volver a Madrid se fue a Barcelona. Le dieron a elegir entre una u otra ciudad y como no conocía Barcelona eligió dicha ciudad donde fue a montar su propia productora. La curiosidad en cualquier faceta de la vida es una constante en Nathalie “Esta etapa duro siete años. Hasta que llegó la crisis. Hubo momentos muy duros, sin trabajo. Hasta que surgió una nueva oportunidad: Yasmina Filali, presidenta de la Fondatión Orient-Occident, ex compañera del Liceo Francés en el que estudié en Madrid y me dijo que tal vez tendría un puesto para mí, pero que tendría que irme a Marruecos. Dije que sí, y con 48 años cambié de todo: de país, de cultura, de trabajo, del que no conocía nada, y me amoldé…”Mujeres bordando

Confiesa que al principio fue duro “Al principio lo pasé fatal. El puesto que empecé a ejercer fue el de coordinadora de centros socioculturales en Marruecos para la Fundación Oriente-Occidente que trata de ser un puente entre ambas culturas. Algo que dados mis orígenes me decía mucho, pero… al principio lo pasé muy mal porque todo era diferente.

¿Por ejemplo? Las cosas aquí tienen mucha menos importancia: yo soy tremendamente puntual y aquí eso no existe. Quedas para una reunión y nadie te avisa de que se ha anulado y esperas durante dos horas. Y cosas a nivel profesional difíciles de entender. La mentalidad es totalmente diferente: nosotros somos cartesianos, ellos para nada… al principio fue muy complicado”.

 Y sin embargo, dice haber aprendido mucho a lo largo de estos casi diez años. “¡Me han enseñados miles de cosas! Para empezar, la paciencia. Y después, a aceptar que no puedes  cambiar a la gente. Te tienes que adaptar. Yo soy una persona bastante adaptable, pero en el trabajo muy exigente, y es difícil convivir con personas que no lo son tanto y que funcionan de otra manera. Pero me han enseñado mucho ¡muchísimo!”

Le pido detalles de su llegada a Rabat, del primer año que según ella fue el complicado “En Barcelona había vivido al lado de la Rambla de Cataluña, en un sitio muy céntrico donde sales y tienes todo lo que necesitas, un sitio maravilloso. Y cuando llegué a Rabat cogí una casa en un barrio también muy popular, cerca de la casa de mi amiga. Pero era diferente, los códigos son distintos: había muchos chicos por la calle, no me atrevía a salir por la noche…  Hasta que empecé a entender que estos chicos estaban en la calle porque no tenían a dónde ir. No van a bares porque no los hay, van a cafés. Pero los chicos pobres tampoco van a cafés porque no se pueden pagar uno. Entonces ¿dónde están? Pues en la calle, discutiendo con los amigos, jugando al futbol… Poco a poco empecé a entender los códigos de mi barrio. Y ahora ya ando como Pedro por su casa: todo el mundo me conoce, yo les conozco… Aunque soy muy discreta porque aquí en cuanto eres muy simpático y das un dedo, te cogen la mano.  Pero por otro lado nos conocemos todos y me siento muy protegida en ese barrio que es muy pobre. Es un barrio de pescadores al lado del mar. Es cierto que el principio fue duro porque no me atrevía a moverme porque me daba miedo. Ahora después de nueve años, no tiene nada que ver”.

¿Y las mujeres? “Las mujeres están en sus casa. Salen por las mañanas al mercado o están delante de la puerta de su casa, pero por la noche no salen”

También en el aspecto profesional tuvo que adaptarse, aprender e innovar “Cuando llegué, en la fundación, estaban desarrollando todo lo que es migración. Contamos con un centro de acogida que ha crecido durante estos diez años y en el que tenemos un socio que es ACNUR. Con ellos trabajamos sobre el terreno, más o menos, con 800 personas al año: hay muchos subsaharianos todavía, pero ahora, sobre todo hay muchas familias sirias…”

En el centro de acogida cuentan con psicólogos, agentes sociales que ayudan a los refugiados con sus trámites, que les indican cómo conseguir trabajo… también hay una guardería para que las mujeres puedan aprender a hablar dariya, el dialecto marroquí. Y en este contexto nació Migrants du Monde “Nunca he estado vinculada totalmente al centro de acogida sino a una actividad del mismo que consistía en costura. Y esa actividad la convertí en un taller donde hemos mezclando refugiadas migrantes con marroquíes. En él han participado mujeres afganas, iraquíes, subsaharianas de Congo, pero sobre todo de Camerún…”foto atelier migrants du monde 2015_11 - Copie

Mujeres de procedencias muy diferentes bajo la denominación común de refugiadas. Los primeros puentes que tender “Al principio fue un horror. No se hablaban entre ellas. Pero ahora son como una familia. No paran de discutir por supuesto: unas son muy lentas, otras llegan siempre tarde, sobre todo las africanas… Las que mejor se llevaban eran las afganas e  iraquíes… Y también hay una cuestión de piel. Pero ahora se han convertido en una familia. Discuten mucho pero trabajan juntas. Al conocer sus vidas y se ha formado una alianza entre ellas. Es muy interesante”.

Nathalie hace hincapié en que todavía son pocas las personas que como ella conocen de cerca la realidad de los refugiados “Son personas que han sufrido y sufren muchísimo. Personas que están muy tocadas. Mujeres  que han sido violadas y adolescentes que andan por ahí sin padres. Cuando les pregunto cómo están, siempre con una sonrisa, me contestan “sobreviviendo”. No deja de emocionarme verles luchar día a día por salir adelante.”

¿De dónde sacan las fuerzas? ¿Qué es lo que les da esperanza? “De la vida en sí. Creo que la vida está tan bien hecha que aunque haya gente que se suicida, en general hay ese espíritu de que hay que ir para adelante,  esa cosa interior del alma de esperanza…. Y también es cierto que estas personas son muy religiosas. Van a misa todos los domingos, es gente que tiene fe. La fe se desarrolla mucho, es lo que he visto aquí. Te hablo de los católicos”.

“Hay mucho trabajo por hacer” insiste convencida, y sobrecogida añade “A mí lo que me deja desolada es que no seamos capaces de recibir a gente por miedo. Cuando ojalá no suceda, pero cualquiera de nosotros podría llegar a estar en esa misma situación. He conocido a sirios, a gente muy preparada, que están hechos polvo. Tenemos que ponernos en su lugar. Llevamos 70 años sin guerras, pero puede que eso no sea eterno y podría pasarnos lo mismo. Deberíamos tener más empatía, estar agradecidos de cuan afortunados que somos”.

Para finalizar, le pido que me cuente cuál y cómo es el trabajo que se desarrolla en el taller de Migrants du monde bajo la etiqueta de “migrantes del mundo”: “Tenemos una estilista parisina que les ha enseñado y les ha ayudado mucho, y hemos hecho un taller humanitario que si bien funciona lentamente, hace cosas muy bonitas. Se confeccionan: túnicas, en esta época vestidos muy frescos para el verano, caftanes, saroueles (pantalones orientales)… Todo en unas calidades excepcionales y con los bordados típicos de los países de procedencia de estas mujeres: bordados afganos, yugoslavos, marroquíes… y una especificidad que es un bordado de cadenilla… Se confeccionan también bufandas de lana pura bordadas que en verano se pueden usar a modo de chal. Todo hecho a mano, con unos acabados perfectos y telas de muy alta calidad. No es un mercadillo, son prendas exclusivas”.modelos túnicas 2 “Empezamos desde cero y hoy están trabajando muy bien. Pero tan importante como esto es el mutuo respeto que existe hoy entre las mujeres que trabajan en el taller: las mujeres musulmanas respetan a las africanas católicas y viceversa. Por eso este proyecto es tan bonito, por el nivel de convivencia que hemos logrado en él”.

Antes de despedirnos, le pido que me diga si hay alguna pregunta que se haya planteado a lo largo de la vida “¿Dónde acabaré? Pero no pienso acabar. Me he dejado el pelo blanco, muy a pesar de mi madre a quien  le digo que ahora mismo tengo otras cosas en la cabeza. Tengo ganas de volver a mi cultura y empezar otro “libro”. Las mujeres que he conocido aquí han conseguido que ya no tenga miedo. Se me ha roto ese miedo paralizante. Han conseguido que cerrar un “libro” y abrir otro nuevo no me dé miedo”.Invitation MDM Madrid 2017 Invitación

¡Gracias, suerte y hasta pronto, Nathalie!

 

 

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