BATH, primavera 2018

Estaba escribiendo la que sería la última versión de “El silencio de Clara Lyndon” cuando al fin, por primera vez, pude ir a Bath, lugar donde se desarrolla parte de la novela.

¿Por qué Bath? un lugar en Inglaterra donde no había estado antes. La escritura de dicha novela estuvo marcada por “señales” que fueron dándole sentido y cuando empecé buscaba una universidad para el menor de mis hijos; Bath era una opción. Mis circunstancias familiares me impedían viajar y, con Internet, visité la ciudad y sus alrededores y encontré más señales que me convencieron de que Clara Lyndon debía vivir allí: una ciudad pequeña rodeada de colinas, que, aunque mucho más bajas que los montes que bordean Éibar, lugar de nacimiento de la protagonista, podían recordarle el hogar que había dejado atrás.

La pasada primavera, invitada por nuestros amigos Loreto y Jeremy Parsons, conocí Bath. Con Loreto recorrí sus calles, descubrí los canales y encontramos los edificios en los que habrían vivido los personajes de la novela: la casa de Clara junto al “North Parade Bridge” y la de Margaret próxima al Royal Crescent o el colegio de Máire y Katy, Prior Park. Y por supuesto, subimos a Solsbury Hill; la colina cuyo nombre recibe también la canción de Peter Gabriel: “cuando la ilusión teje su red nunca he estado donde he querido estar y la libertad se aleja en piruetas… te puedes quedar con mis cosas, ellos han venido para llevarme a casa”; otra señal.

Durante dicha visita me reafirmé en la elección que había hecho años atrás: Bath era también “hogar”.

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